Hilda' blog
En las aguas del Moldava se reflejan las luces de los cafés y los edificios que se asientan en sus orillas mientras la noche va cayendo. Un pequeña bruma va invadiendo poco a poco el horizonte y sus aguas van tornándose cada vez más oscuras. De vez en cuando, un barquito con música rompe la quietud del agua. Sobre el puente, las estatuas permanecen impasibles al paso de los años. Han contemplado muchas puestas de sol y muchos atardeceres, y el paso del tiempo está haciendo mella en ellas, que bajo el intenso frío conforman un perfil de cuento. Son testigo de las fotos que día a día los turistas hacen a su paso y protagonistas de los focos de los flashes. En lo alto, una fortaleza domina la ciudad, le da carácter, le imprime personalidad.
En la plaza el reloj inicia su cuenta hacia delante y la muerte toca la campana anunciando una hora en punto.
Suena música clásica.
Hace frío en Praga, en la ciudad de las mil torres.
Han sido pocos días, pero he venido enamorada de la ciudad.
